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Con la frente en alto: el Tri cae ante Inglaterra, pero recupera el orgullo de todo un país
Con el marcador apretado y el reloj en contra, Aguirre mandó toda la artillería al frente. México encerró a Inglaterra durante los minutos finales, llenó el área de centros, disparos y rebotes, mientras la defensa británica resistía como podía.
La Selección Mexicana quedó eliminada de la Copa del Mundo 2026 tras caer 3-2 frente a Inglaterra en los Octavos de Final, pero lo hizo de una forma que pocos imaginaban al inicio del torneo: compitiendo de tú a tú contra una de las grandes potencias del futbol mundial y dejando una imagen que volvió a ilusionar a millones de aficionados.
El conjunto dirigido por Javier Aguirre se despidió entre lágrimas y aplausos en el Estadio Ciudad de México, donde nunca dejó de pelear pese a enfrentar a un rival valuado en más de mil 500 millones de dólares y plagado de figuras internacionales. Durante más de media hora del segundo tiempo, México incluso jugó con un hombre de más, empujó hasta el último segundo y estuvo a centímetros de encontrar el empate que habría llevado el partido al alargue.
Aunque el marcador terminó favoreciendo a los ingleses, la actuación del Tricolor dejó una sensación distinta a la de eliminaciones anteriores. Esta vez no hubo un equipo resignado ni superado ampliamente; hubo un plantel convencido de que podía hacer historia.
La diferencia terminó llamándose Jude Bellingham. El mediocampista inglés aprovechó dos descuidos defensivos para marcar un doblete en apenas dos minutos, al 36′ y 38′, golpes que parecían definitivos para un México que había controlado varios lapsos del encuentro, pero que pagó muy caro sus errores.
Lejos de derrumbarse, el Tricolor respondió antes del descanso con un potente disparo de Julián Quiñones que venció a Jordan Pickford y devolvió la esperanza a una afición que nunca dejó de alentar.
En la segunda mitad llegó otro capítulo de emociones. Harry Kane amplió la ventaja desde el punto penal tras una falta de Raúl Rangel sobre Anthony Gordon, pero minutos después el propio delantero inglés cometió una infracción dentro del área y Raúl Jiménez respondió con la misma contundencia para colocar el 3-2.
Con el marcador apretado y el reloj en contra, Aguirre mandó toda la artillería al frente. México encerró a Inglaterra durante los minutos finales, llenó el área de centros, disparos y rebotes, mientras la defensa británica resistía como podía. Incluso un balón estuvo cerca de terminar en autogol, pero apenas unos centímetros evitaron que el Estadio Ciudad de México explotara.
El silbatazo final trajo lágrimas, abrazos y un profundo sentimiento de frustración. El sueño de alcanzar los Cuartos de Final volvió a escaparse y la racha sin disputar un sexto partido en una Copa del Mundo llegó a 40 años.
Sin embargo, más allá de la eliminación, este Mundial dejó señales positivas para el futbol mexicano. El equipo avanzó invicto de la fase de grupos, mostró personalidad frente a selecciones de alto nivel y recuperó una identidad competitiva que durante años pareció extraviada.
Jugadores jóvenes como Gil Mora y Brian Gutiérrez ganaron experiencia en el escenario más importante del planeta, mientras futbolistas consolidados como Raúl Jiménez, Julián Quiñones y Luis Ángel Malagón demostraron liderazgo en los momentos de mayor presión.
El resultado duele porque el objetivo estuvo cerca, pero también deja una certeza: México volvió a competir sin complejos frente a una potencia mundial. Esta generación no logró romper la barrera histórica, pero sí consiguió algo igual de valioso: devolverle a la afición la ilusión de creer que el futbol mexicano puede mirar de frente a los gigantes.
El Tri se quedó en el camino, pero se marchó con la frente en alto. Esta vez la eliminación no dejó vergüenza, sino orgullo, esperanza y la sensación de que el futuro puede construirse sobre las bases que dejó este Mundial celebrado en casa.